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Historia del tiempo
Hasta hace veinte años se creía que los protones y los neutrones eran partículas «elementales», pero experimentos en los que colisionaban protones con otros protones o con electrones a alta velocidad indicaron que, en realidad, estaban formados por partículas más pequeñas. Estas partículas fueron llamadas quarks por el físico de Caltech, Murray Gell-Mann, que ganó el premio Nobel en 1969 por su trabajo sobre dichas partículas. El origen del nombre es una enigmática cita de James Joyce del Finnegans Wake: "¡Tres quarks para Muster Mark!" [...]
Existe un cierto número de variedades diferentes de quarks: se cree que hay como mínimo seis flavors [sabores] que llamamos up, down, strange, charmed, bottom y top ["arriba", "abajo", "extraño", "encanto", "fondo" y "cima"]. Cada flavor puede tener uno de los tres posibles "colores", rojo, verde y azul. ([...] los físicos modernos parecen tener unas formas más imaginativas de nombrar a las nuevas partículas y fenómenos, ¡ya no se limitan únicamente al griego!).
Stephen Hawking
Según la lectura, ¿cuáles son las partículas más elementales hasta ahora conocidas ?
Planeta simbiótico
La simbiosis, el sistema en el cual miembros de especies diferentes viven en contacto físico, es un concepto arcano, un término biológico especializado que nos sorprende. Esto se debe a lo poco conscientes que somos de su abundancia. No son sólo nuestras pestañas e intestinos los que están abarrotados de simbiontes animales y bacterianos; si uno mira en su jardín o en el parque del vecindario los simbiontes quizá no sean obvios pero están omnipresentes. El trébol y la vicia, dos hierbas comunes, tienen bolitas en sus raíces. Son bacterias fijadoras de nitrógeno esenciales para su sano crecimiento en suelos pobres en este elemento. Tomemos después los árboles, el arce, el roble y el nogal americano; entretejidos en sus raíces hay del orden de trescientos hongos simbiontes diferentes: las micorrizas que nosotros podemos observar en forma de setas. O contemplemos un perro, normalmente incapaz de percatarse de los gusanos simbióticos que viven en sus intestinos. Somos simbiontes sobre un planeta simbiótico y, si nos fijamos, podemos encontrar simbiosis por todas partes. El contacto físico es un requisito imprescindible para muchos tipos de vida diferentes.
Lynn Margulis
¿Qué son los simbiontes?
La memoria del universo
La teoría del big-bang fue propuesta en 1948 por el físico nuclear y cosmólogo norteamericano de origen ruso Georgy Antonovich Gamow (1904-1968). Tiene sus antecedentes en los trabajos de Alexander Friedman y Georges Lemaître, de 1922 y 1927, respectivamente, quienes concluyeron en forma teórica que el universo está en continuo movimiento. Sin embargo, la piedra angular de la teoría del big-bang fue la interpretación del corrimiento hacia el rojo del espectro de las galaxias lejanas, hecho por Edwin Powell Hubble en el año de 1929.
En 1965 Arno Penzias y Robert Wilson detectaron la radiación cósmica de fondo, a la que se ha llamado el vestigio de la radiación fósil del universo. La radiación de fondo resultó ser constante e isotrópica (igual en todas direcciones), y su espectro, analizado de acuerdo a la ley de radiación de Planck, correspondió a una temperatura de 3 kelvins (las más recientes determinaciones arrojan un valor de 2.726 kelvins). Por el descubrimiento de la radiación de fondo cósmica, Penzias y Wilson fueron acreedores al premio Nobel de física en 1978. Este descubrimiento constituye la evidencia experimental más importante en la que se sustenta la teoría del big-bang.
José Luis Pineda Vega et alli
¿Cuál es la relación entre el corrimiento hacia el rojo con el big bang?
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El eclipse
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento [...]. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida. [...]Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.
Augusto Monterroso
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